lunes, 8 de junio de 2009

El reloj de Mr. Darwin, de Juan Luis Arsuaga

El reloj de Mr. Darwin, de Juan Luis ArsuagaVivimos el Año Darwin, el bicentenario de aquel lejano 1809 en el que nació el biólogo británico y el 150 aniversario de la publicación de 'El origen de las especies por la selección natural'. El paleontólogo y codirector de Atapuerca Juan Luis Arsuaga no ha querido quedarse al margen del acontecimiento y ofrece, en su libro 'El reloj de Mr. Darwin' (Ed. Temas de Hoy), su particular visión del pensamiento darwinista, confrontándolo con los hallazgos que han tenido lugar desde aquellas fechas.

«Me interesa su peripecia vital y sus resultados, pero todo desde el punto de vista biológico. Él utilizó un ejemplo que marcó su pensamiento: la domesticación. Poca gente sabe que el año que nació Darwin, Jean-Baptiste Lamarck publicó un libro sobre la evolución que fue un 'best-seller'. Y no fue el único. Es decir, la teoría de la evolución ya circulaba por ahí, no la descubrió Darwin, pero si buscó las causas, como la selección natural y la sexual», explica el autor.

En su libro, Arsuaga se inventa la historia de un profesor que sueña con el científico. Es un viaje onírico en el que aparecen partes de su obra, basándose en cuatro de sus numerosas publicaciones: 'El viaje de un naturalista', 'El origen de las especies', 'Autobiografía' y 'El origen del Hombre'. Incluso utiliza diferentes ediciones para comprobar los cambios que experimentó el autor a medida que se conocían nuevos hallazgos. También recoge lo que denomina «su libro más extenso e inacabado», las más de 5.000 cartas que escribió a lo largo de su vida.

Pero en ese sueño también aparecen sus adversarios, contemporáneos, predecesores y posteriores, aunque ya están todos muertos. «En el sueño de ese capítulo Darwin habla con Lamarck, con George Cuvier, con Stephen Jay Gould, etcétera, para contraponer sus ideas con otros planteamientos sobre la evolución. Es onírico porque es una gran injusticia comparar trabajos de un científico con los de quienes vinieron después. Así que a todos los devuelvo a la vida y con la misma información».

Ideas confirmadas

Arsuaga se pregunta, por ejemplo qué diría George Cuvier, el primer paleontólogo, con lo que hoy se sabe. «Era un catastrofista, pensaba que en la Tierra había grandes cataclismos y que la vida volvía a renacer después. Creo que hoy mantendría esa idea. Diría que lo que dice Darwin es verdad, pero no es el argumento de la historia de la vida. Diría que desde que desaparecieron los dinosaurios hay evolución entre los mamíferos, pero siguen siéndolo. Hay variación, pero no creatividad», explica.

Recuerda que desde que el británico murió, muchos avances han confirmado sus ideas, sobre todo en dos áreas muy concretas: la paleontología y la genética. De la primera, Arsuaga es un experto: «Su problema era que los fósiles que tenía no eran compatibles. Ahora es natural ver que la evolución se ve en el registro fósil, pero en su época era al revés. No tenía los eslabones de la cadena. Sus fósiles no eran antepasados de los actuales, eran parientes".

"Lo que descubrió fue el árbol de la vida", explica el codirector de Atapuerca. "Que todas las especies vivas y extinguidas están conectadas entre sí. Y no lo tuvo fácil, claro. Los parientes más cercanos de los vertebrados son los erizos de mar, a ver cómo demuestras que es un pariente nuestro. Por ello, la paleontología ha sido el mayor avance desde entonces. La genética llegó después, y también es importante».

Pero a Darwin, como recuerda el paleontólogo, además de la morfología, le interesaba también mucho la conducta, la ecología, la biogeografía de las especies, la herencia, la genética del desarrollo y la geología. «Era seguidor de Charles Lyell, que aporta una visión de cambios continuos y graduales en la Tierra. Y él pensó que, de igual modo, podían cambiar las especies».

Nuevas corrientes

Juan Luis Arsuaga, en definitiva, trata de demostrar que el evolucionismo no es un pensamiento único, como el mismo Darwin decía cuando veía «un amplio campo abierto para las investigaciones futuras», aunque en el fondo esperaba que la selección natural siguiera siendo importante.

Ahora, ahí están los neodarwinistas, que unen a Darwin con Mendel y creen en una evolución gradual y constante; y otros como Gould, que defienden que los ritmos no han sido constantes; o quienes dan el protagonismo a la geografía... Y también quedan muchos problemas por resolver.

«Darwin explicó como evolucionaba una especie, pero no sabía cómo una especie se convertía en dos, y seguimos sin saberlo. Aún hay quienes defienden que la geografía es el factor determinante. Otros dan más importancia a las mutaciones. Yo creo que la selección natural es la clave», asegura.

El último capítulo lo dedica a un tema tan polémico como la conducta humana y la biología, es decir, hasta qué punto los genes controlan el comportamiento. Y se plantea cuestiones tan actuales como las diferencias biológicas en el cerebro de las mujeres y los hombres.

«Me gusta el tema porque es polémico, se enfrenta a los dogmatismos. Es lo que pasó con Darwin. La gente discutía sin leer su trabajo de los pinzones. En este caso, también es un tema con carga ideológica. Un campo nuevo de investigación para llegar a saber qué componente de la conducta es biológica y cuál ambiental. Yo defiendo lo primero. De hecho, en biología se habla del fenotipo como el resultado de la exposición del gen a un ambiente determinado, pero aún se sabe poco. Darwin también habló de selección sexual. Creía que era muy importante en la evolución humana, y sin embargo es una ley de la que se sabe poco».

Rosa M. Tristán
Bicentenario del padre de la evolución
elmundo.es

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